LA MÁQUINA DEL TIEMPO Cuento colaborativo


INICIO 3º B

Un día un niño que se llamaba Ignacio y una niña que se llamaba Dana que les encantaba la ciencia,  se hicieron amigos.
Dana le dijo que en la escuela había un profesor de ciencias llamado Edgar, que estaba uno poco chiflado, por eso le llamaban científico loco. A Edgar le encantaba tanto la ciencia que no paraba de hacer pócimas y experimentos. Incluso había algún alumno demasiado atrevido que le llamaba friky. A Dana eso no le gustaba porque pensaba que era una falta de respeto.
Un día Dana e Ignacio se escaparon de clase y en el sótano de la escuela, encontraron una puerta secreta.
La intentaron abrir pero no podían, vieron que a cada lado de la puerta había dos estatuas de piedra. A Ignacio se le ocurrió la idea de  meter la mano en la boca de la que había en la derecha y de repente encontró una llave.
Dana gritó de emoción y al mismo tiempo buscó la cerradura para introducir la llave.
Haciendo un escandaloso ruido, la puerta se abrió y delante de sus ojos maravillados apareció el laboratorio.
Jerry, el robot del laboratorio, les dio la bienvenida y les indicó una cosa que brillaba al final de la sala, era una máquina del tiempo.
Los dos alumnos dudaron en meterse, pero Jerry los empujó y de repente se encontraron dentro de la máquina del tiempo.

DESARROLLO 3ºC

La maquina del tiempo empezó a temblar. La niña apretó un botón que no sabia para que  servía y de repente se abrió la puerta de la máquina y aparecieron en un bosque muy frondoso.
Bajaron sin hacer mucho ruido y de repente oyeron un gran grito, era el grito de un t-rex. Dana tenia mucho miedo y estaba apunto de gritar pero Ignacio sabia que si gritaba el t-rex les atacaría y le tapó la boca a tiempo.
Poco a poco se levantaron y lentamente se fueron a la derecha para volver a entrar en la máquina del tiempo. Cuando echaron a correr vieron que la máquina estaba rodeada de dinosaurios, justo en ese momento el t-rex les guiñó un ojo con la intención de decirles que quería ser su amigo, bajó su cola al suelo y  todos se montaron. Los demás dinosaurios al ver la fuerza y potencia del t-rex se fueron corriendo, y los niños juntamente con Jerry pudieron volver a entrar en la nave.
Ignacio apretó un botón y de repente la maquina empezó a temblar y a balancearse. Al cabo de un rato y cuando casi estaban mareados las puertas se abrieron. Ignacio estaba tan impaciente por salir que se tropezó con Dana  y los dos cayeron en la arena. Jerry les preguntó si estaban bien. Jerry les ayudó a levantarse y de repente se encontraron tres pirámides delante de sus narices.  
No había duda que esta vez la máquina les había llevado al antiguo Egipto. Caminaron unos metres  y se encontraron a un grupo de egipcios que estaban bailando. Jerry fue corriendo a ver que estaban haciendo y después de quedarse boquiabiertos con aquel espectáculo, los tres regresaron a la máquina y marcharon de Egipto.
Estabas muy nerviosos, ya que nunca hubiesen imaginado que en tan poco rato estarían el la época de los dinosaurios y en la tierra de los faraones.
Decidieron volver a apretar el mismo botón y la máquina volvió a dar vueltas como una lavadora.
Cuando la máquina dejó de dar vueltas y se hizo el silencio, oyeron  unas voces que gritaban enloquecidas: Ave Cesar, moriturum te salutam! Habían aparecido en un anfiteatro, rodeados de romanos enloquecidos y de dos gladiadores que luchaban en la arena.
Dana e Ignacio decidieron bajar a ver el espectáculo mientras Jerry prefirió quedarse en la nave.
Lo que vieron no les gustó, dos hombres muy fuertes luchando en la arena mientras todo el público se ponía en pie y bajaban sus dedos en señal de muerte. De repente se hizo el silencio en el circo romano y el gran César se puso en pié. Dana le explicó a Ignacio que en aquel momento el César iba a decidir si uno de los dos gladiadores debía morir o seguir con vida. A Ignacio no le hizo gracia aquel juego y le dijo a Dana que prefería marchar de allí. Los dos niños entraron en la máquina y Jerry se apresuró en cerrar la puerta y volver a apretar el botón.
La máquina volvió a girar velozmente y los niños empezaron a acostumbrase a aquel movimiento. La máquina volvió a pararse y la puerta se abrió, esta vez no estaban ni con los dinosaurios ni con los romanos, estaban en un castillo, rodeados de nobles, caballeros, príncipes y princesas, habían aterrizado en la edad media. Aquel lugar si que les gustaba, y esta vez incluso Jerry decidió acompañar a los dos niños.
Dieron u paseo por las dependencias del castillo y pudieron observar como el príncipe le pedía matrimonio a la princesa o como el rey se divertía con su bufón.
Se hacía de noche y los tres regresaron a la máquina con la intención de volver a la escuela.
Ya habían vivido muchas experiencias y empezaban a estar cansados.
Lo que ellos no sabían era que el viaje no se había acabado.
Dana le volvió a dar al  botón sin saber  donde irían y de repente se volvió a abrir la puerta y se encontraron con Albert Einstein. Ignacio vio que le pasaba algo en el pelo. La máquina del tiempo hacía rato que no funcionaba bien. Dana le pidió a Einstein si la podía arreglar y este les contestó que con la condición de que le hicieran un mejunje para curarse el pelo. Los niños aceptaron y mientras el científico les arreglaba la máquina, Jerry creó una loción para mejorar la calidad del pelo de Einstein. Cuando la máquina ya funcionó, los tres protagonistas regresaron a la máquina para continuar su viaje.
Dana se tropezó con Jerry y se cayó hacia a tras y sin querer le dio a una palanca, y esta vez, viajaron al futuro-
Cuando abrieron la puerta se encontraron muchos animales. Todos los animales se escondieron.  Ignacio, Dana y Jerry pensaron que pasa aquí y se dieron cuenta que habían viajado a África.
De repente apareció un león y los protagonistas entendieron porque se habían escondido los animales.
Ahora que hacemos, dijo Ignacio y Jerry exclamó: corredddddddddd
El león les persiguió pero justo cuando abrió la boca, apareció un elefante y chafó al león.
Los chicos decidieron quedarse un día más.
Al amanecer  cogieron la máquina y se fueron.
Jerry apretó de nuevo el botón y de repente se abrió la puerta y se encontraron en un cementerio y los vigilantes del cementerio eran perros robots. Intentaron escapar sin que los vieran. Un perro por su olfato los olió y comenzó a perseguirlos.
Dana e Ignacio se escondieron detrás de una lápida de una tumba mientras Jerry que también era un robot se comunicó con los perros. Al fin se pusieron de acuerdo y los dejaron salir del cementerio.

Cuando salieron vieron coches volando. Pero como empezaba a hacerse de noche regresaron a la maquina.

Esta vez la máquina hacía un ruido diferente y sus vueltas eran al revés que las agujas del reloj. De repente los tres protagonistas vieron por la ventana como se acercaban a un laboratorio que les era conocido. Iban a toda velocidad y el impacto fue tan brutal que el techo el laboratorio quedó totalmente destruido. Cuando la máquina estaba parada del todo, Dana, Ignacio y Jerry salieron de la máquina y se encontraron con Doraimon que les ayudó con un aparato que llevaba en su bolsillo mágico a arreglar la máquina y los desperfectos del laboratorio.

DESENLACE 3ºA

Cuando ya habían acabado de arreglar la máquina y de dejar el laboratorio igual que antes de la colisión, de repente y sin saber porque, la máquina explotó. BOMMM
Ignacio salvó a Dana y esta le dio un beso de agradecimiento en la mejilla.
Los dos niños decidieron regresar a clase, pero Jerry los paró con un grito de alto que resonó por todo el laboratorio.
Alto!, antes de iros quiero borrar de vuestras cabezas todo lo que habéis vivido en este viaje.
Todo!,  dijo Dana, y Jerry le contestó, todo menos el beso que ha sido muy bonito.
Jerry puso sus manos sobre las cabezas de los niños y estos cerraron sus ojos. Contó a tres y al volverlos a abrir, Dana e Ignacio regresaron a sus aulas, convencidos que venían de estar en el patio.
Jerry, suspiró aliviado, toda aquella aventura había terminado. Ya podía regresar a su laboratorio y esperar que otros alumnos curiosos fuesen algún día a visitarlo.